sábado, noviembre 04, 2006

Viaje a Pekín

Dos horas largas de vuelo Madrid-Amsterdam y otras nueve de Amsterdam a Pekín en un avión - afortunadamente - medio vacío en el que podemos ocupar varios asientos cada uno y tumbarnos a dormir a ratos.
El avión va lleno de jóvenes musulmanes que acarician sus coranes y que harían las delicias de cualquier paranoico. Incluso las mías, que llevo tantas horas sin fumar que cuando escucho a uno de los muchachos barbados que va sentado tras de mí hablar con su compañero y sacar algo de su bolsa de viaje, imagino que van a hacerse con el avión para estrellarlo contra la Gran Muralla. No siento miedo. Lo único que pienso es 'de puta madre. Si nos van a matar, lo primero que hago es fumarme un cigarrillo'. Tengo tanto mono de nicotina que la fantasía de un secuestro aéreo sólo me permite pensar en fumarme un pitillo. Estoy fatal.

Amanecer sobre Mongolia
Me lo habían advertido. Pero no podía imaginarme tanta belleza. Amanece y sobrevolamos Mongolia. Desde la ventanilla observo el majestuoso paisaje de montañas terrosas sobre las cuales se depositan manchas de niebla que vistas desde arriba parecen finas películas de pluma blanca, enormes banderas desgarradas que ondean. Una visión mágica conmovedora. Tras Mongolia, el Desierto del Gobi y después, Pekín. Al aterrizar puede verse desde el aire campo de golf entre arrozales. Sí. Esto es Pekín.

Llegada a Pekín

En el aeropuerto, entregamos a las autoridades los impresos en los que aseguramos no haber mantenido relaciones íntimas con un pollo en las últimas horas, y una cámara de infrarrojos nos capta al pasar para detectar si tenemos o no fiebre. Pasamos. Todo bien. Esto es Pekín.
En el aeropuerto, nos recoge un chófer chino que no habla ni una palabra de inglés y que nos lleva a nuestro hotel. Un cinco estrellas chino construído en los 50 que posee una fascinante mezcla de arquitectura tradicional comunista y decoración tradicional china. Mauro se marcha a trabajar y yo me quedo viendo TV china y durmiendo una siesta.

Noche en Pekín
El primo de Mauro - Iván Darío - estudia arquitectura en Pekín. Lleva aquí dos meses y ya se maneja estupendamente con el chino. Es un encanto. Nos recoge en el hotel y nos lleva a cenar a un restaurante precioso, un antiguo hutón - típicas casas bajas de vecinos - transformado. Una cena deliciosa, copiosa, regada con té verde. Una delicia.

NOTA. Tras publicar este post, el gobierno chino ha decidido vetar el acceso a este blog. Hasta hoy, podía entrar perfectamente. Después de haber escrito ésto, es imposible acceder. Bienvenido a China...

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Una linda narración; describes tan bien todo que lo puedo imaginar; me gustaría conocer Oriente. Suerte y que te diviertas a lo grande!

1:42 a. m.  

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