martes, marzo 23, 2010

MANSOS, según Lolita Bosch



"MANSOS me parece doblemente valiente. No porque hable de sexo y porque suceda en unos baños públicos, que así es, sino porque en él el autor ha logrado romper los prejuicios de cualquier lector haciendo de un mundo aparentemente sórdido y periférico, algo extraordinario. Y creo que ésta es precisamente una de las finalidades de la literatura. No contar cosas extraordinarias sino enseñarnos a mirar las cosas como si lo fueran. Por la libertad con que el escritor las piensa o por la cercanía con la que obliga al lector a relacionarse con ciertos aspectos que le son cercanos pero de los que trata, una y otra vez, de huir. (...) Porque es imposible leer virgen. Y cuando un escritor logra romper los prejuicios del lector y lo fuerza a mirar con ternura cosas que veía con recelo antes de abrir el libro, se puede decir que el libro funciona en uno de sus aspectos más importantes. Porque lo enseña a mirar de una manera distinta. (...)
Y eso, igual que sin duda sucederá con los lectores de MANSOS, los haría más libres. Y haría, también, que tuvieran una memoria más valiente, más imaginativa, más dispuesta a narrar.
Por lo tanto, no voy a decir nada de su historia ni de su tiernísimo personaje ni del espiral cotidiano-literario en el que se sume. Porque de verdad creo que deberían leer este libro y dejarse llevar por él.
Muchas gracias"
LOLITA BOSCH en la presentación de MANSOS de la Librería Bertrand de Barcelona (20.03.2010)

[Muchísimas gracias, Lolita]

jueves, marzo 04, 2010

Haciendo amigos. Majetes


No sé qué me divierte más; si que me citen en la gacetilla de Intereconomía o que se tomen con tanta alegría su ultraderechismo.

(Gracias por el recorte, señor Albert)

viernes, febrero 26, 2010

MANSOS, texto de contracubierta

Marx, ya saben, el Carlos Marx del comunismo y esas cosas, dicen que dijo que bajo el capitalismo el kilo de humillación se vendía barato, que con el coste del salario medio interprofesional uno se lleva a casa, quiera o no quiera, un monto de humillación proporcional o comparable a su propio peso, catadura laboral o hipoteca. El agónico protagonista de esta sensacional novela sufre de sobrepeso seguramente por abusar en exceso del consumo de alcohol y de aquellos otros enemigos del hombre que nombraba el catecismo de nuestras infancias: el demonio, el mundo y la carne (ajena). Una noche, qué noche la de aquella noche, pasa por una sauna, y no precisamente para liberar grasas, y en perfecto y lúcido estado de resaca comete la imprudencia de hacer un pequeño balance de su vida. Hasta aquí la novela podría ser un ejemplo de neoexistencialismo barato con que nos machaca ultimamente el neocostumbrismo fractal. Pero por fortuna y de pronto, súbito y porque sí (pequeño homenaje a Pedro Salinas) "pasa algo". Una novela en la que "pasa algo" es hoy, visto lo visto y leído lo leído, una notable excepción, pero si, además, ese "algo que pasa" sirve para desentrañar con estupendo y cruel oído narrativo, algunas de las raíces menos visibles de nuestros silencios más cotidianos y perversos, la excepción da paso a lo excepcional. Y este es el caso.

(Muchísimas gracias, Constantino)

IdeHOLAgía

Para tratar de entender la realidad internacional en todas sus dimensiones resulta imprescindible consultar la sección 'Realeza' de la web de HOLA, un referente imprescindible donde, hoy mismo, entre sus destacados, descubrimos dos noticias anexas que nos dan una clara explicación del mundo desde el punto de vista de la redacción de la revista más consultada en consultas de médicos privados. Helos aquí:




Moulay el Hassan, hijo de Mohamed VI, preside su primer acto oficial sin sus padres

Nunca es demasiado pronto para asumir responsabilidades, pero en el caso de los Herederos al trono resulta especialmente relevante que se tome conciencia del papel de servicio al reino y que se adquieran lo antes posible.


La Princesa de Asturias emprenderá en marzo su primer viaje oficial al extranjero en solitario

De la proximidad entre ambos, cabe destacar un interesante paralelismo -todo un clásico 'ancient regime'- entre la condición de infante y la de mujer, puesto que el HOLA destaca con el mismo entusiasmo y al mismo nivel los primeros actos oficiales en solitario de un niño de siete años y una princesa de treintaitantos. Con dos cojones (y con perdón).

No satisfechos con esta regresión, los redactores de la web de HOLA nos ofrecen otra perla que habrá hecho muy felices a esas señoras bien de derechas que devoran sus páginas cada semana, señoras que alternan la lectura de la revista con amenas mañanas de televisión donde, un día sí y el otro también, los programas hacen de los menores delincuentes asunto de debate, de la modificación de la Ley del Menor una verbena y del endurecimiento de las penas para adolescentes una quimera. Pues bien, nada mejor para reforzar ese planteamiento regre y represivo que el arranque de la noticia sobre el principito: “Nunca es demasiado pronto para asumir responsabilidades, pero en el caso de los Herederos al trono resulta especialmente relevante que se tome conciencia del papel de servicio al reino y que se adquieran lo antes posible.” O, lo que es lo mismo: si pueden votar, pueden follar y si pueden asumir responsabilidades reales, pueden ir a chirona. Los pobres, eso sí. Los príncipes que se dediquen a los servicios al reino.

martes, febrero 23, 2010

Donde habite el olvido

Leo en 'La paz social', de Antonio Doñate:
“Si no existiera el olvido no habría cultura. El olvido genera el factor sorpresa.”

Y le doy toda la razón, veo su apuesta amnésica y subo hasta apostar por la desmemoria como el germen creador de todo. Si no existiera el olvido, no habría nada: sólo memoria. Viviríamos paralizados, sepultados por todos los recuerdos acumulados en un asfixiante Síndrome de Diógenes de sensaciones, palabras, números, gestos, olores, experiencias, atrevimientos que nos hicieron cobardes y temores que nos permitieron sobrevivir.

Si no existiera el olvido no habría cultura ni, aun más grave, existiría Pop Star Queen -AKA Karmele Marchante-, porque ella misma se acordaría de quién fue, quién quiso ser y de todo aquello que le dijo a Manuel Vázquez Montalbán una tarde, allá por 1996, en el Hotel Palace de Madrid, tal y como el escritor dejó escrito en su espléndida crónica 'Un polaco en la corte del Rey Juan Carlos”, donde la periodista cacofónica aseguraba en un arranque de inconformista lucidez:
"Estamos instalados en el fatalismo. No se discute nada, ni se espera nada nuevo. Lo que más gusta ahora es el cotilleo y el chismorreo. Ni se conversa realmente. Me quejo de que no hay ningún modelo nuevo y de que los modelos viejos no sirven, para mí, que siempre me ha gustado cruzar el charco de las transgresiones. Ahora no me queda espacio para la transgresión, como antes."
















Hoy, gracias a su amnesia, Karmele ha conseguido descubrirse como un nuevo modelo transgresor, hallar un nuevo espacio como frustrada cantante eurovisiva desmadejada, como ariete de una cadena de eslabones perdidos que ha sabido convertirla en una pinturera versión feísta donde se superponen el retrato de una indolente dama cubierta de encajes con el del bufón de la corte. Porque no hay modelo más nuevo que el trazado a costa de repetir la misma parodia que otro canal televisivo creó hace dos años para reventar Eurovisión, un festival que demuestra a la inversa la validez de la teoría de la novela de Oñate: si no existiera la memoria, no existiría Eurovisión, que subsiste solo como parodia de sí mismo, como artilugio pop warholiano cuyas fotocopias aparecen cada vez más saturadas de color, más sucias y menos distinguibles de un original ya sin sentido.

Enciendo el televisor, son las cuatro y media y confío en poder sacar de 'Sálvame' alguna otra perla entre el cieno que me dé para redondear ese retrato hecho de memoria de Karmele. No puede ser. Ella no está hoy. Suerte que, a cambio, me regalan un texto sobreimpreso en el torso de una ex concursante de Gran Hermano:
“¿Cómo es el currículum de Rebeca de GH11 desde que salió de la casa? Una portada en Interviú, varios novios y un supuesto intento de violación”.
Obviamente, vuelvo a apagar la televisión y repaso mentalmente mi currículum desde que salí de la casa de mis padres (Gran Horror 1) hace veinte años: ni una portada en Interviú, varios novios, una violación, un matrimonio feliz y una novela, 'MANSOS', que estará en las librerías el próximo 19 de marzo. ¡Cómprenla!

(Veinte años han pasado ya desde que dejé GH1, qué barbaridad. Cuánto tiempo y qué poca distancia, desde allá hasta aquí, ese lugar que aprendí en Luis Cernuda:

Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.
Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.)


(Publicado en PRIMERA LÍNEA, Marzo 2010)


miércoles, enero 27, 2010

VÍCTIMA DEL AGRO-SARTORIALIST (Basado en hechos reales)

Sigo publicando mi página en PRIMERA LÍNEA. Aquí tenéis la del número de febrero:

Gran Vía madrileña, sábado de finales de septiembre, solo unos minutos después de que se celebrara en la Puerta del Sol una manifestación de agricultores en protesta por el abuso de los intermediarios y la ruina del campo, lo que vale su trabajo frente a lo que cuestan las frutas y verduras. Salgo de La Casa del Libro, de comprarme “Un país mundano”, el último poemario de John Ashberry, un poeta que me conmueve siempre. Visto para la ocasión unos zapatos marrones con cordones amarillos, unos leotardos color vino (de burdeos), pantalones bombachos de ante, un chal de seda en plata y morado del diseñador belga Dries van Noten, un abrigo vintage de cuadros y un enorme bolso, también en color burdeos, de Yves Saint Laurent. (Después de hacer este detallado recorrido por mi atuendo caigo en cuenta de que soy uno de los pocos colaboradores de esta revista que ganan más con ropa que sin ella. Maldita sea mi estampa...)

Espero en la acera impar de la Gran Vía a que pase un taxi libre que me lleve a comer a la casa de un matrimonio amigo que me ha prometido un curry delicioso, cuando de pronto aparece a mi lado uno de los agricultores manifestantes, banderín del sindicato agrícola en mano, y me pide por favor que pose junto a él ante la cámara digital que empuña su hijo adolescente, que nos retrata varias veces, que me retrata en solitario otras tantas. Sonrío como si fuera idiota. El muchacho me mira fascinado. Supongo que en la calle mayor de su pueblo valenciano no se ven mamarrachas tan osadas como yo. Al menos vivas. Me vuelve a fotografiar. Sonrío.

Para un taxi. Libre. Le doy la dirección donde quiero que me lleve, una calle con nombre de constelación que solo se encuentra en los GPS, y a continuación saco mi Blackberry para twittear: “Acabo de ser víctima del agro-Sartorialist”. Entiendo que es una entrada muy contemporánea porque esa misma semana estuvo en Madrid y Barcelona el Sartorialist presentando en un par de outlets su primer libro de fotografías callejeras a viandantes con estilo.

Más tarde, de noche, ya de vuelta al Hotel de las Letras donde me alojo, pienso que en algún boletín sindical agrícola aparecerá un día una foto mía. Si es que los boletines sindicales agrícolas incluyen entre sus páginas una sección de Gente, Moda o Sociedad. Pienso también que, si algún día vienen mal dadas, siempre me podré ganar la vida como azafato extravagante en ferias agropecuarias y cobrar por mis posados.

Una vez en la cama de mi habitación del hotel elijo leer al azar uno de los poemas de Ashberry, del libro que compré esa misma mañana, antes de saber que me convertiría en un icono de la moda rural o en la gran sensación editorial de las publicaciones sindicales. Abro “Un país mundano” por una página cualquiera y me encuentro con un poema fabuloso, en cuyo final leo:

“Solo es un jirón, en serio, un fragmento de vida
en el que nadie más parecía interesado. No es lo que pueda uno llevar:
forma parte de la decoración, el baile, para siempre”.

Y se me bajan los humos, tanto que me enciendo un cigarrillo. Para compensar.

lunes, enero 04, 2010

MANSOS A la venta el 19 de marzo de 2010



(Clica arriba para aumentar y leer la sinopsis)

lunes, diciembre 21, 2009

Sacrilegios

He empezado una nueva colaboración mensual con la revista Primera Línea. Una página al mes donde, hasta que me echen, podré escribir algo más que pies de foto. No sé si es el medio, pero me gusta el fin.

Este viernes salió a la venta el número de enero, donde hago mi primera colaboración. Me encantaría que la compráseis para leerme, aunque no os lo voy a exigir (hasta ahí podía yo llegar). Por eso la publico aquí.

Sacrilegios

Veo salir de la casa del Gran Hermano 11 a un concursante -transexual- y explicarle a Mercedes Milá en el plató la clave de su estrecha relación con otro participante -parapléjico- con una reveladora sentencia del 'De Profundis' de Oscar Wilde: “Donde hay dolor, hay tierra sagrada”. Amén, hermano. Donde hay dolor hay siempre un espacio de protección, culto y sosiego, un hueco misterioso que no siempre se corresponde con el símbolo que erigimos. Así, en la novela de Scott Heim, 'Mysterious Skin', uno de sus protagonistas construye sobre la amnesia que le provocaron los abusos sexuales de su entrenador la certeza de una abducción extraterrestre que le obsesiona, un contacto con lo sobrenatural, lo extraterrenal, lo sacro de un más allá no tan lejano que le salva de la verdad, que tampoco le hará libre.

Donde hay dolor. Dónde. Cada vez menos entre nosotros, rara vez cara a cara, frente a un café con hielo, una botella de vino tinto o un gintonic -de Hendricks, con pepino, por favor-, nosotros que ya no somos nadie para hablar de los que han muerto, que evitamos confidencias descarnadas para no engendrar dolores nuevos en quienes nos quieren y amamos, nosotros que nos queremos tanto, no me preguntes más. Extraño esa desnudez adolescente, entre licores más baratos, tugurios más ruidosos y miedos sobredimensionados; esa facilidad que tuvimos para compartir, impúdicos y heridos, todo lo que nos hizo divinos, sacros. La echo de menos y la busco en la ficción, en las voces ajenas, en los cuerpos en danza. Agradezco ese dolor.

Dónde hay dolor: en los cuentos de Herta Müler, la última ganadora del Nobel de Literatura. En los poemas de Anne Sexton -”Una mujer es su propia madre”-, en los últimos días de Truman Capote, en el primer disco de Antony Hegarty, en el cuerpo de los bailarines, en las pieles tatuadas, en los superhéroes acabados de 'Watchmen', esa joya de Alan Moore y Dave Gibbons; en los diarios de Jean Cocteau -"Muéstrale tus cicatrices al mundo. Siéntete orgulloso de ellas, exhíbete. Y, ¡por el amor de Dios!, cobra por el espectáculo"- o en el penúltimo libro de Hervé Guibert, 'Al amigo que no me salvó la vida', donde aparecía un joven chapero español que causaba furor entre el coolchic de París durante los 90 y que hoy, más de 15 años después, vuelve a arrendar sus intimidades para orgías televisivas, aunque con el caché actualizado al alza. También su padre y ex proxeneta sigue por ahí, dando bandazos -literalmente- en algunos programas. Como si Cocteau hubiera conocido a Guibert y lo hubieran planeado juntos.

Donde hay dolor: en la constante exhibición indecorosa televisiva de supervivientes que mezclan con rabia incontenible su venganza y su duelo ante las puertas de los juzgados, donde se dirimen condenas oficiales que nunca satisfacen un terrible instinto paternal Frankenstein de un monstruo enorme, creado en el laboratorio de la ira solo a partir de dientes por dientes y de ojos por ojos, como los del Gran Hermano, otra vez, que nos refleja, nos observa y nos mastica, nada más. Ni siquiera somos alimento para los nuevos dioses. Aborrezco ese dolor que no saca al nuestro de su aislamiento solitario, sino que atiza los látigos justicieros de salón, las heroicidades fascistas y el linchamiento en modalidad pay-per-view.

(“Donde hay dolor, hay tierra sagrada”. Y viceversa, Oscar. Pruebe a remover arenas sacras, benditos terruños, y lo sabrá. Intente pedir que abran las cunetas a paladas de justicia y de memoria y verá cómo hay quienes se aferran al dolor ajeno para hacer intocable y sagrado lo que no les pertenece).

Veo salir de la casa del Gran Hermano 11 a un concursante y pienso que, si no fuera porque me pagan por hacerlo, no vería la televisión: no conduce a nada bueno.