martes, febrero 23, 2010

Donde habite el olvido

Leo en 'La paz social', de Antonio Doñate:
“Si no existiera el olvido no habría cultura. El olvido genera el factor sorpresa.”

Y le doy toda la razón, veo su apuesta amnésica y subo hasta apostar por la desmemoria como el germen creador de todo. Si no existiera el olvido, no habría nada: sólo memoria. Viviríamos paralizados, sepultados por todos los recuerdos acumulados en un asfixiante Síndrome de Diógenes de sensaciones, palabras, números, gestos, olores, experiencias, atrevimientos que nos hicieron cobardes y temores que nos permitieron sobrevivir.

Si no existiera el olvido no habría cultura ni, aun más grave, existiría Pop Star Queen -AKA Karmele Marchante-, porque ella misma se acordaría de quién fue, quién quiso ser y de todo aquello que le dijo a Manuel Vázquez Montalbán una tarde, allá por 1996, en el Hotel Palace de Madrid, tal y como el escritor dejó escrito en su espléndida crónica 'Un polaco en la corte del Rey Juan Carlos”, donde la periodista cacofónica aseguraba en un arranque de inconformista lucidez:
"Estamos instalados en el fatalismo. No se discute nada, ni se espera nada nuevo. Lo que más gusta ahora es el cotilleo y el chismorreo. Ni se conversa realmente. Me quejo de que no hay ningún modelo nuevo y de que los modelos viejos no sirven, para mí, que siempre me ha gustado cruzar el charco de las transgresiones. Ahora no me queda espacio para la transgresión, como antes."
















Hoy, gracias a su amnesia, Karmele ha conseguido descubrirse como un nuevo modelo transgresor, hallar un nuevo espacio como frustrada cantante eurovisiva desmadejada, como ariete de una cadena de eslabones perdidos que ha sabido convertirla en una pinturera versión feísta donde se superponen el retrato de una indolente dama cubierta de encajes con el del bufón de la corte. Porque no hay modelo más nuevo que el trazado a costa de repetir la misma parodia que otro canal televisivo creó hace dos años para reventar Eurovisión, un festival que demuestra a la inversa la validez de la teoría de la novela de Oñate: si no existiera la memoria, no existiría Eurovisión, que subsiste solo como parodia de sí mismo, como artilugio pop warholiano cuyas fotocopias aparecen cada vez más saturadas de color, más sucias y menos distinguibles de un original ya sin sentido.

Enciendo el televisor, son las cuatro y media y confío en poder sacar de 'Sálvame' alguna otra perla entre el cieno que me dé para redondear ese retrato hecho de memoria de Karmele. No puede ser. Ella no está hoy. Suerte que, a cambio, me regalan un texto sobreimpreso en el torso de una ex concursante de Gran Hermano:
“¿Cómo es el currículum de Rebeca de GH11 desde que salió de la casa? Una portada en Interviú, varios novios y un supuesto intento de violación”.
Obviamente, vuelvo a apagar la televisión y repaso mentalmente mi currículum desde que salí de la casa de mis padres (Gran Horror 1) hace veinte años: ni una portada en Interviú, varios novios, una violación, un matrimonio feliz y una novela, 'MANSOS', que estará en las librerías el próximo 19 de marzo. ¡Cómprenla!

(Veinte años han pasado ya desde que dejé GH1, qué barbaridad. Cuánto tiempo y qué poca distancia, desde allá hasta aquí, ese lugar que aprendí en Luis Cernuda:

Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.
Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.)


(Publicado en PRIMERA LÍNEA, Marzo 2010)


1 Comments:

Blogger Milagros Díaz Martín said...

Simplemente ¡magnífico!.
¡Enhorabuena!

3:49 p. m.  

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