sábado, febrero 01, 2003

Paz poética


Más oscuro en lo oscuro, más desnudo estoy.
Tan sólo al desertar soy fiel.
Yo soy tú cuando soy yo.

Alabanza de lo lejano (Extracto) Paul Celan. Trad. de J. A. Valente


Ayer tarde, antes del masaje, entré en un bar a tomarme un vino y José Saramago se sentó detrás de mí. En la barra, dos camareros hablaron entre sí sobre él y uno dijo que su novela favorita había sido El año de la muerte de Ricardo Reis, porque le encantaba Pessoa. Una situación fantástica (en el más amplio sentido de la palabra).
Entonces me acordé de los versos de Pessoa que pueden leerse en el Monasterio de los Jerónimos de Lisboa, donde descansan sus restos, unos versos que firmó Ricardo Reis:

Para ser grande, sé entero; nada
tuyo exagera o excluye.
Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres
en lo mínimo que hagas.
Así en cada lago la luna toda
brilla, porque alta vive.


Me acordé de Pessoa. De Lisboa. De los viajes que hice allí con quien fue mi pareja durante siete años y hoy ya no. Me acordé de lo mucho que nos quisimos. Aunque hoy ya no. De lo mucho que fui amado. Y él por mí. Aunque no fuera del modo correcto, aunque Auden tenga razón, y:

Nada puede ser amado en exceso,
pero todas las cosas pueden ser amadas
de un modo equivocado.


Esta mañana de sábado estoy en paz con ese recuerdo. He recuperado todo lo bueno que hubo durante tantos años. También recuerdo lo malo, que me hizo decidir terminarlo. Hoy, no parto desde cero.

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