martes, febrero 10, 2004

¿Vivo?


El sábado por la noche me caí por unas escaleras al salir de cenar de casa de un amigo. Gran caída: resbalón, piernas en alto, vuelo fugaz y batacazo dorsal. RESULTADO: esguince de rodilla.

Lo peor fue que mi novio y yo habíamos estado viendo el sábado "¿Qué he hecho yo para merecer esto?" y cuando él me vio tendido en las escaleras se temió lo peor: que me hubiera golpeado la nuca contra el escalón y me hubiera quedado fiambre. Afortunadamente, sólo me jodí la rodilla. Aunque no estoy tan seguro de no haberme matado en la madrugada del sábado. De estar muerto y no saberlo, como en Los Otros o en El Sexto Sentido.

O si, al contrario, me maté y soy el único que sabe que estoy muerto.

Tal vez esa sea la razón por la que ayer no sufrí un colapso al ver a mariterecampos en la tele con unos pantalones de pana color berenjena y un jersecito de punto, de ochos, con cuello de pico y en color burdeos.

Lo mejor de la convalecencia es la lectura. Terminé La costumbre de vivir. Me leí El hombre que inventó Manhattan, de Ray Loriga y llevo a medias El eco de las bodas, de Luis Mateo Díez:

"(...) - Se vive cualquier cosa, una mirada inadvertida o el roce de un pie debajo de la mesa, y se acaba recordando lo que pudo ser y no fue. Lo que se vive no da más de sí, lo que se recuerda es casi siempre lo que se pudo vivir y no se vivió. No hay recuerdo que no contenga algo de fantasía.
- Es que resulta muy difícil resignarse a haber vivido tan poco..."


Yo, como cadáver, no me resigno.

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