lunes, diciembre 15, 2003

SIE7E


VIERNES

Espero en la Plaza de Isabel II (que es la de la ópera, que es la de Ópera) a J.Q. para irnos a cenar a un sitio modernísimo ("más moderno, y te mueres" en palabras de Fernando Point) donde hemos quedado con Miko y más amigos.

Se me acerca un hombre que rondará los cincuenta años, con dos dientes de oro y una cara amable. Borracho. Me dice. Me mira a los ojos, se tambalea frente a mí y me confiesa avergonzado estar demasiado borracho y no saber dónde, qué sitio es ése, ni cómo llegar a su casa en Pueblo Nuevo. Le señalo el Metro enfrente y le sugiero que pregunte de nuevo dentro. Me da las gracias y echa a andar en zig zag, con mucha prisa de repente, tanta que cruza con el semáforo en verde para los coches y tengo que correr tras él, sujetarle del brazo y pedirle que espere hasta que el muñequito se ponga verde. Vuelve a mirarme y empieza a llorar. Yo estoy a punto de hacerlo pero me contengo.

El "espíritu navideño" me parece - cada año más - una mala traducción del inglés, del 'spirit' (12 : an alcoholic solution of a volatile substance, Merriam Webster Dictionary).

SÁBADO

Como con Le Beau Antoine y Miko y me da por un revival de los episodios más sórdidos y cómicos de mi vida sexual, cuyo guionista ha sido durante muchos años Woody Allen, hasta que llegó García Márquez y me devolvió el gusto por el realismo mágico.
Lo malo es que me da por recrearme en mis más patéticos episodios en el bar de un hotel, lleno de señoras adictas al pack de 3 de ampollas Germinal y la bisutería hip hop revisited. Sospecho que gracias a mi actuación estelar, las damas oxigenadas tardarán unos días antes de tener que aplicarse la solución facial; del estupor como tratamiento antiarrugas.

DOMINGO

Escribo y leo en casa. Termino la primera de las novelas de la Primavera de "Una danza para la música del tiempo" y me doy a Pennac, "El dictador y la hamaca":

"Saltaba al cantar, con risueña ferocidad, como un niño que se vengara de los niños."

Fotografío a una pequeña cucaracha que dormita feliz en el termostato del calentador de mi casa. Salgo a comer y al cine para compensar la nostalgia con ficción pero la cago, porque elijo 'Elephant' y "La flaqueza del bolchevique" y las dos me hacen llorar.

Paso la noche en casa de A., que me invita a ver "Aquí no hay quien viva" en Antena3 (y tiene razón, está muy bien. Algunos gags son excelentes). De camino a casa de A. el taxista me cuenta que está pensando en comprarse una cámara digital para hacer fotos durante las noches de trabajo que a veces son tan tediosas. Me parece muy buena idea y estoy a punto de proponerle que se haga un blog. No lo hago.

Esta es mi última semana antes de mis vacaciones. De mi mes en Colombia. Quedan sólo 7 días...

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