jueves, enero 22, 2004

Cali es Cali...

... y hasta allí nos fuimos a descansar al cuidado de las Hermanas Segura + retoños y la Gran Dama Naranjo (MónicaNoNoNO), a la sombra, a la brisa y al placer de la deliciosa conversación, los paseos por el Valle en compañía de Shakira (la perra), lecturas tumbados en hamacas, poetas nuevos; Gerardo Rivera, de quien mi novio me había regalado un libro en Navidad y con quien gocé el deleite de la charla y un delicioso almuerzo.
Gerardo, que fue Director Creativo de Agencias de Publicidad Multinacionales y un día decidió bendecir la patada y dedicarse a la poesía, a sublimes versos tales como (cito de - mala - memoria):

Todo tiene alma.
Menos nosotros
que sólo somos carne
habitada por la bestia.


Gerardo que, lo mismo que yo, no se cree los rumores acerca del affaire entre Charles y su mayordomo, porque, igual que yo, piensa que para liarse con un hombre, Charles ya tiene a la Parker-Bowles (todo tiene alma...)
Gerardo, que duda si el estado en que quedó el coche de Lady Di tras su breve encuentro con el puente parisino es más un Balenciaga o un Givenchy.

Gerardo Rivera y León de Greiff, cuyos libros me regalaron Miss Sure y Mi Novio una tarde tras un delicioso paseo por el centro de la ciudad, y me ha devuelto el gusto por la rima consonante:

CANCION DE SERGIO STEPANSKY (Extracto)

En el recodo de todo camino
la vida me depare el bravo amor;
y un vaso de aguardiente, ajenjo o vino,
de arak o vodka o kirsch, o de ginebra;
un verso libre -audaz como el azor-,
una canción, un perfume calino,
un grifo, un gerifalte, un buho, una culebra...

(y el bravo amor, el bravo amor, el bravo amor!)

En el recodo de cada calleja
la vida me depare el raro albur:
-con el tabardo roto, con la cachimba vieja
y el chambergo agorero y el buido rojo,
vagar so la alta noche de enlutecido azur:
murciélago macabro, sortilega corneja,
ambular, divagar, discurrir al ritmo del antojo...

(y el raro albur, el raro albur, el raro albur!)

(...)

Cali. Paz. Calor. Lluvias torrenciales repentinas a media tarde y la falsa sensación de que allá la vida es fácil. Más fácil, al menos. La tentación de un año sabático junto a los Farallones.

Me tumbo en la hamaca y termino de leer "Al diablo la maldita primavera", de Alonso Sánchez Baute, Premio Nacional de Novela Ciudad de Bogotá. Mucho más que un divertimento marica, un homenaje drag a Anita Loos; un aguzado taconazo sobre el asfalto irregular de la ciudad a la que regresamos mañana y un guiño que permite al ojo abierto mirar a través del horadado suelo para vernos debajo, en el infierno que somos todos, los demás:

Sí, claro, ya sé: vuelvo y repito que bajo estos supuestos nadie es amigo de nadie. Pero, como la vida es dura, lo único valioso es estar rodeado de la people, así no se confíe en ellos. Finalmente, me repetí para convencerme, a mí lo que me gusta es llamar la atención, que me quieran, que me consientan, que la gente se voltee a mi paso. Por eso decidí ser la mejor. O, como quien dice, la peor. Amigo de todos, pero enemigo de todos. Mi inspiración primaria fue, por supuesto, Alexis Carrington. Ya en épocas pueriles en Barranquilla no sólo no me perdía capítulo de Dinastía, sino que cada domingo a las diez en punto de la noche metía mi casetico virgen en el betamax Sony de la casa y grababa el capitulo semanal correspondiente para después memorizar los parlamentos de la diva. Pero no sólo ella se convirtió en mi ídolo. Poco a poco me fui llenado de iconos que influyeron en mí: todo aquel que tuviera un pasado de amargura me servía para alimentar la sed infinita de mis odios. Fue así como logré lo que siempre quise: hacerme notar. Quien me conocía no podía dejar de hablar de mí, generalmente mal, lo cual es muy bueno porque eso demuestra que uno va un paso más adelante en esta vida.

Es que por eso la amo tanto, a Alexis me refiero, porque ha sido mi luz, mi faro, y me enseñó, como dije, que en la vida hay que ser perra para sobrevivir manteniendo la alegría, tal como viven las arpías, pero las de verdad, esas águilas que habitan los Andes peruanos y que, a pesar de comer carroña, son más felices que las perdices.

Y para ser una buena perra, ante todo, hay que tener clase. Y tener clase no es sino mantener una sonrisa hipócrita ante las adversidades mundanas, así uno por dentro se esté muriendo de la ira. Como el día que a Jackie O. le derramaron una salsa de nosequé en un restaurante neoyorquino y le ensuciaron un poco su elegante vestido negro pero, sobre todo, su bello collar de perlas blancas, y ella -se lo leí a Mary Rodríguez Ichaso en Vanidades- sin perder nunca su compostura, dirigiéndose al mesero que estaba preocupado por haberle dañado su hermoso collar, sólo atinó a decirle: No se preocupe: en mi casa tengo más ¡Regio! Cuando leí esa historia je sui geleé -como le aprendí a decir a una amiga franchute-. Porque así es como hay que ser: fría. Como Gaviria. Y llamar la atención de todos por la serenidad y la compostura. Y aunque reconozco que cuando estoy emotivo se me sale uno que otro gritico barranquillero, ya no me importa: al menos entre la comunidad homosexual conseguí el sitio que con tanto ahínco perseguí y ya puedo dedicarme a cantar, como las reinas venezolanas: En una noche tan linda como esta, cualquiera de nosotras podría ganar, ser coronada Miss Venezuela...


Y mañana a Bogotá. Y el domingo, de boda.

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