lunes, junio 14, 2004

Revelaciones extraordinarias


El viernes, al llegar a casa en Barcelona, descubrí que mi novio se había comprado un libro sobre el cine de Antonioni. También - él me lo dijo - que había tenido su época Antonioni, mientras estudiaba cine en la universidad.

El sábado después de comer, mientras abanicábamos la modorra, él con las páginas sobre Antonioni, yo con las mías sobre Manhattan de Muñoz Molina, mi novio reparó en lo guapo que fue Paco Rabal. Y hablamos de las coincidencias, de los cruces, de las sorpresas,... como ATENCIÓN: que Jeanne Moreau, que también trabajara con Antonioni, estuviese de presentadora de Televisión en España hace unos años, cuando mi novio aún tenía televisor en casa.

- ¿Jeanne Moreau? - pregunté yo, atónito, - ¿y qué programa hacía?
- No sé, amor... apenas la vi. Programas de estos horribles de verano...

CIELOSANTO. VÍRGINEMARÍADÓMINEDIO:
mi pobre novio, en su infinita fe latinoamericana en la cirugía plástica, había creído que Marlene Morreau era Jeanne Moreau recauchutada. ¡Y había vivido años con esa creencia!

Desde el sábado no dejo de darle vueltas: alguien que ha pensado durante mucho tiempo en esa clase de transposiciones corpóreo-temporales, ¿cómo me verá a mí? ¿Explica eso su incondicional amor? ¿Cometí un error al sacarle de su ingenua convicción? ¿Qué hago?

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