jueves, agosto 16, 2007

Como si me fuera a marchar, no como si esperara. La taquilla está medio vacía, como si acabara de llegar, no como si esperara, así vestido. "¿Te vas?", pregunta "Darío", respondo: "No. Acabo de llegar". Y sonríe. Nada más. Sonríe porque piensa - creo - que juego a iniciar una fantasía sexual de desconocidos, y no que mi respuesta es una frase que me traje de otra fantasía, al descenso de las cosas que hice por dinero, que no tenía nada de lúbrica, en un lapsus oral-mental-real-irreal. Y oral es lo real y mental lo irreal. Al menos más real decir que pensar. Y sin embargo, más realista pensar que decir; decir es surrealista. Más realista pensar que "Darío" sonríe porque cree que quiero jugar que decirle que sé que se sonríe porque piensa que intentaba jugar, surrealista decírselo así.

Hablar es real y surrealista. Pensar es irreal pero realista.

Cierro la puerta y me guardo la llave y su pulsera en un bolsillo lateral del pantalón, el mismo por el que "Darío" me sujeta cuando voy a buscar otra silla para sentarme junto a él "¿Dónde vas?" A tu lado.

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