miércoles, mayo 07, 2003

Renuncio


A mí que no me den el Príncipe de Asturias de las Letras, por favor. A mí que no me elija un jurado donde figuren Fernando Delgado, Luis María Anson, Armas Marcelo o Sánchez Dragó.
Ay, no, no, no, por favor. A mí que no me hagan eso.
A mí que me dejen con mis cosas. A lo mío. Sin laureles.

¡Hay que ver qué jurado! ¿Pero dónde están los buenos? ¿En la Feria del Libro de Bogotá, tirándose de los pelos con Vargas Llosa, la Sontag y Zoé Valdés?

De verdad que yo casi prefiero hacer una película con el hijo de Ronald Reagan (sí, sí, Ron... ese espléndido bailarín) como hizo Demi Moore en 1988, 'Ron Reagan Is the President's Son', la descubrí ayer en Internet y casi me da un soponcio. ¿Le enseñaría él a ella todo lo que aprendió para 'Striptease'?

De verdad. De verdad. Que yo prefiero que me rescaten de las calles, de una existencia Nadiuska y me metan en La Isla de los famosos para sacarme de ese pozo de ruina (no voy a decir quién, pero alguien hay en la edición de esta temporada cuya historia es esta misma).

Lo que sea. Incluso coincidir con Aznar en el MOMA, delante de un Matisse que nunca será el mismo tras esa espeluznante visión.

Pero a mí que no me den. Que no me entreguen este año el Príncipe de Asturias de las Letras. Por favor. Por mucho que se empeñen mis lectores. Me da igual.

[minutos más tarde... leo que mis plegarias han sido antendidas (gracias Truman, gracias Tere) y se lo han dado a la Sontag y a la Mernissi. Una yanqui y una marroquí. Pero qué correcto todo. De la que nos hemos librado, Paul Auster... ¿te imaginas que nos toca compartirlo?]

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