miércoles, septiembre 17, 2003

Vejez


Lo sabía por Coetzee. Lo sabía por Vallejo. Que existía una clase de amor que me estaba perdiendo.

Me burlaba. Suscribía lo que decía el amigo de una amiga: "A mí solo me gustan los animales bípedos. Aunque si están a cuatro patas, mejor."

Hasta que nos conocimos. Y supe de qué hablaban Coetzee y Vallejo.

[Se llama Maggie y vive con A. y M. Me saluda emocionada cada vez que me ve. Va a mi cama a despertarme por las mañanas cuando duermo en su casa y me muerde los calcetines cuando me calzo para marcharme.]

Tampoco me gustaban los niños. Incluso pensaba en crear una ONG llamada 'Kill the Children' Hasta que conocí a J., el hijo de Cristina.

Me temo que me hago viejo y ya no tengo tiempo para prescindir de tantas cosas como antes. De esa clase de amor que dan y provocan los animales. De la maravilla de disfrutar de la ternura inteligente del hijo de unos amigos. Me estoy haciendo viejo. Y no está tan mal algunas veces.

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