lunes, marzo 29, 2004

El mundo (marica) es un pañuelo


O quizás un título más poético, menos manido. Si es que lo merece.

Sucede que las carambolas han dejado de parecerme figuras fascinantes y empiezan a aburrirme los reencuentros con cabriola, salto mortal y doble tirabuzón (rubio. Con la raíz negra. Azabache.)

Acaba de suceder. Hace un par de horas. Salía de El Corte Inglés, cargado con 8 rollos de papel higiénico Scottex, un paquete de magdalenas La Bella Easo (Easy Beauty) y otro de pan de leche, cuando en el semáforo en rojo, antes de cruzar al otro lado, a la acera de mi casa, me ha abordado R.

[Pensamiento Nº 1: ¡Fantástico! No podía haberme encontrado cualquier otra noche; una de esas en las que decido comprarme en el Club del Gourmet una botella de la rica heredera del difunto Clicquot y cuarto quilo de foie. ¡No! Teníamos que encontrarnos esta noche. Después de quince años sin vernos, esta noche, que vengo de comprar bollazos y papel higiénico.]

R. y yo nos conocimos cuando yo tenía 17 años y él dos más. Él fue novio de un amigo mío que estaba enamorado de otro gran amigo mío, de quien yo también estaba colado como una perra. Mi gran amigo y el novio de R. se conocieron gracias a un novio compartido que se los llevó a los dos a un festival de cine a trabajar como burras y, de paso, les contó que tenían algo en común: a él. Encantador.
(Lo raro del caso es que yo no hubiera aprovechado el caos del momento para tirarme a R. Aunque lo mismo lo intenté y él no quiso. La verdad es que no me acuerdo.)

R. ha subido conmigo a casa, he dejado la bolsa de la compra, y nos hemos ido a tomar una cerveza a la calle.

Me ha contado que está buscando trabajo. Que vive muy cerca de mí. Que lo pasó muy mal después del suicidio de uno de sus novios, hace tres años.

[Pensamiento Nº 2: Por favor, por favor, por favor. Que la vida no sea tan puta, que el guionista de Dios no sea Delia Fiallo. Que su suicida no sea el mío, que también se mató hace tres años. Cuando ha dicho su nombre y no era el suyo, he respirado hondo. Es más, de hecho creo que he eructado.]

Le he contado que tengo un trabajo nuevo y me ha preguntado sobre él. Le sonaba. Mmmm... le sonaba. Alguien le había contado hace poco que estaba trabajando allí. ¡Claro! ¡Un exnovio suyo! ¿Le conozco? Se llama Fulanito. JODER: la marica que hace chistes acerca de mis pulseras de bolas y afirma (en una comida delante de todo el departamento) que le encantaría comérmelas directamente del brazo.

[Pensamiento Nº 3: No. No es Delia Fiallo. Es un becario de Delia Fiallo. Maricón, además.]

Nos hemos despedido hace un rato. Nos hemos intercambiado el número de teléfono y me ha prometido invitarme a su ático a cenar. También me ha pedido que le recomendara algunos libros; hace un año que se ha aficionado a la lectura. Yo le he recomendado el que estoy leyendo ahora de Lorrie Moore. Del que noche copié un extracto aquí, donde aparecen diálogos que me confortan:
- ¿Manon Lescaut?
- Me encantaría morir así. Con todas las joyas puestas, cantando sobre la locura.


También le he recomendado “El palacio de la luna”, de Paul Auster. Un encuentro así, se merecía a Paul. Definitivamente.

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