martes, enero 23, 2007

La Rioja

Esta mañana vino Zulema a las 12 y yo me eché a la calle un poco después.

Fui al CCCB por si había alguna exposición interesante, y la que había de cine alternativo, 'That's not entertainment' no me interesó demasiado.

Descubrí una nueva librería, casi esquina con la calle Tallers, de Comunicación Social. Allí me compré un ensayo que tiene una pinta espléndida, 'La televisión moralista', y después me fui a comer al Udón donde me rodearon dos conversaciones fabulosas que me impidieron leer a Davis.

1. Frente a mí, un par de muchachos muy jóvenes - entre los 18 y los 20 - empezaron hablando de las posibilidades de uno de ellos - el más guapo, el gordito - de tocar la batería en el grupo al que se acababa de sumar, pero después la charla fue derivando hacia la sugerencia de homosexualidad del novato - el más guapo, el gordito - que su compañero de mesa dejó caer sobre el mantel de papel con toda tranquilidad y que el novato.guapo.gordito ni siquiera respondió, se limitó a farfullar mmmm-mmmm. Aunque no pudo mantener esa actitud cuando su amigo le advirtió que el resto del grupo estaba tratando de mostrarle como una persona manipuladora, muy inteligente, 'que no digo que no lo seas'...

2. A mi lado, una chica también muy joven pidió una mesa para dos y se sentó a comer sola. Al cabo de 20 minutos apareció una señora que, por lo que escuché, debía de ser su madre, que acompañó el postre de su hija con un té para ella. 'Te veo tristona, no estás bien...'
'Todo me va bien mamá. El trabajo, la vida, todo me va bien.' Pero era verdad... la chica estaba tristona. Yo también lo noté.

Después de comer, estuve paseando, fui a la FNAC y estuve a punto de comprarme el Space Invaders para mi Nintendo DS y la nueva novela de Auster en inglés. Pero en el último momento, frente a las cajas, decidí que no me lo iba a llevar.

De la FNAC fui a Habitat para comprar una sábana bajera para el sofá cama. Mi hermana y mi sobrino Nicolás llegan el viernes y no teníamos ninguna sábana del tamaño del sofá abierto.

Después, cogí un taxi que me llevara a L'Illa, donde leí que uno se podía descargar una novela por entregas vía Bluetooth. El taxi perfecto: coche enorme y taxista joven, guapérrimo y ceñido. L'Illa, el horror. Y no way con el bluetooth.

Volví a casa paseando - aunque antes hice una parada técnica en el Sandor para tomarme un drymartini y otra en una tienda delicatessen para comprarme una cena deliciosa.

Ya cené, estoy viendo algo de tele y bebiéndome un rioja reserva excelente. Buenos días, mi amor...

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